Carta a un amor cibernético
Querida...
Se acerca el día en el que los enamorados se hacen presentes, celebrando la dicha de tenerse. Supongo que cualquier día es bueno para sentir y reivindicar el amor, pero es costumbre de ser éste, y no otro, el día elegido. Seguramente te sorprenderá mi decisión de escribirte y declararte que te amo desde hace mucho tiempo. Tal vez pienses que no estoy en mis cabales, que he perdido todo referente de la realidad y que no tengo derecho a perturbar tu vida; pero sólo cuando se ama como yo te amo a tí, se comprende el impulso arrollador que he sentido de hacerlo.
Hace tiempo que necesitaba decirte, que estoy vitalmente enamorado de tí, que más que mujer eres un sueño; pues aun sintiéndote cercana, te diluyes en la evanescente irrealidad del mundo cibernético.
Hoy te escribo para hacerte saber mis sentimientos y, ante la impotente lejanía, carente de complicidad y encuentro, hablarte de las amarguras que me embargan.
Vivo este sentimiento, con sublime amor adolescente... ¡A mi edad!... cuando este cuerpo envejecido desmiente equívoco e injusto, la savia nueva, turgente, ilusionada y fuerte, de un amor fogoso y enfebrecido.
Sólo conozco tu fotografía y algunos de tus pensamientos, expresados en relatos y poesías. A través de esos escritos, conozco tu multicolor impronta, deliciosamente variable en su genuina feminidad. Eres original e inteligente; de atractivo e irónico humor. Eres... admirable... sorpresiva... divertida... Eres, en suma, en esa apariencia virtual, idealización intangible, sensibilidad intuída y caricia de mi alma. Nunca pensé sentir lo que siento, jamás pensé que podría enamorarme así, tan entregadamente, con este apasionamiento, que me circunda y aisla de todas las cosas.
Te quiero. ¿Para qué decir más? Son innecesarios los versos floridos, ante la contundencia de esas dos sencillas palabras...
Te quiero, repito constante al viento, con la esperanza de que la magia de mi deseo, insufle vida y ternura, al invisible y deseado nexo de nuestras almas. Sin embargo, la incertidumbre que siento y la tristeza por intuirte fría y distante a mis deseos, hace que me sepulte en vida, la yerta tierra de la desesperanza.
Probablemente -en realidad no sé nada de tu vida- tus pensamientos estén reservados y tus caricias dirigidas a otro hombre; no sé si el desamor te acompaña o si eres dichosa, siendo correspondida; pero de ser así, tengo la esperanza, el firme anhelo, de una oportunidad futura, cuando nuestras almas ocupen otros cuerpos.
Tuyo, para siempre...
Tags: Carta, declaración, amor
Publicado Por Pedrolamart
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